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lunes, 17 de junio de 2013

Mariquita se llama mi amor II


Si ver una mariquita sobre una planta de berenjena me provocó tanto entusiasmo, imaginad lo que ha significado ver todo un ejército devorando pulgones sobre el ápice de una planta de calabacín. El pulgón ha proliferado dentro del invernadero y ahora lo hace fuera, como me temía, pero también es verdad que aquella solitaria mariquita anticipó la llegada de otras muchas, así que me propuse  tener paciencia para comprobar que el pulgón desaparecía sin más intervención.
Adiós al jabón de potasio y otros mejunjes de eficacia más que dudosa; adiós a los insecticidas de pelitre; adiós al pulgón. Efectivamnete: el pulgón había desaparecido por completo sólo un día después de hacer esa foto (que se deforma no sé por qué) en la que se ven cuatro mariquitas (aunque había muchas más) comiendo a sus anchas. Si no lo hubiera comprobado con mis propios ojos me mostraría escéptico en esto de la lucha biológica, pero a partir de hoy mismo soy un creyente total.
Por cierto, las mariquitas se han ido a otro sitio porque en el calabacín ya no hay condumio.
Ahora me preocupa la araña roja y la mosca blanca. La primera creo que ya está estropeando las tomateras del invernadero (que ya me están dando tomates) y la segunda no ha aparecido todavía, pero me temo que aparecerá, como el año pasado. Estoy probando con azufre en pòlvo. Ya contaré.

Mariquitas


lunes, 27 de mayo de 2013

Ya está aquí el calabacín

Mata de calabacín blanco de Argelia
Ayer (26 mayo) cogimos el primer calabacín de la temporada, de la variedad blanco de Argelia, algo raro, porque este año va todo muy retrasado. Las dos matas que hay plantadas las obtuve por siembra en maceta de plástico, en invernadero, y después fueron trasplantadas a mediados de abril; también hay una matita de la variedad oscura.
Los calabacines están muy buenos y todo eso, lo que pasa es que uno se harta de comerlo todos los días y de todas las formas.
Todos los años cometo el mismo error: planto dos o tres matas sabiendo como sé que con una es suficiente.  Vale, reconozco que no soy un forofo del calabacín -como más me gustan es en puré- pero es que se trata de una hortaliza excesivamente abundante e insistente; los coges un día y al día siguiente ahí están otra vez bien gordos; te vas de viaje cuatro días y a la vuelta en vez de calabacín tienes una cachiporra más gorda que el as de bastos. Las matas van poco a poco apoderándose del espacio de la huerta; se alargan hasta el infinito y al final no tienes claro si son vegetales terrícolas o alienígenas camuflados.
Me esperan cinco meses de calabacín, cinco.